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Testimonio y Suplica

Testimonio y Súplica

Había oído que cuando las puertas del museo donde se guardan los pasos de la pasión de Cristo se cierran; las figuras, los protagonistas, hablaban entre ellos y se contaban sus experiencias y hacían sus críticas.

Anoche, después de enterrar a Cristo me cole a hurtadillas en el museo. Percibí miedo; agazapado entre los pasos oí una voz que me requería la atención. Casi no podía moverme, no quería moverme. Sentí la insistencia pero no acudí, al poco rato, y en la oscuridad noté la presencia de alguien a mi lado y me estremecí.

Aquella persona encendió una vela y pude contemplar su inocente cara de niño. Me dijo que llevaba en el lugar desde la inauguración del museo allá por el año 1964 y en la semana santa de Zamora desde que “El Santero”, Don Ramón lo había encontrado en el interior de un tarugo.

Las palabras del muchacho me dieron confianza y escuche con atención. Le pregunte quien era y como llevaba allí tanto tiempo. El mozo dijo que no importaba ni su origen ni su linaje. Seguramente soy un zamorano más, a buen seguro. Soy protagonista de la semana de Pasión Zamorana desde el año 1878 y de la tercera ornada el paso en el que me quiso colocar “El Santero”.
Amigo, me dijo, sentí necesidad de pedir perdón. Aquel año cuando por primera vez algunos zamoranos me llevaron a hombros hasta las Tres Cruces no cabía dentro de mí, me sentía protagonista de algo importante, mi orgullo y mi notoriedad no me dejaba entender lo que estaba sucediendo.

Yo jugueteaba entre las personas con una cesta, entre chascarrillos y bromas nos reíamos de un Hombre al que íbamos a crucificar, que importaba eso; en aquella época del imperio se hacía casi todos los días hoy aunque no sea de obra si es de sentimiento, tú lo sabes.
Mi sonrisa, aunque incólume, se ha ido convirtiendo en amargura. Esta es la razón de haberme quedado aquí para acompañar todas las mañanas de Viernes Santo a Cristo Caído. Intento que los clavos de mi cesta se conviertan en oración perenne para suplicar el perón de Dios.

El muchacho desapareció, mientras yo escuchaba una trompeta y un tambor, oí, no te pierdas el paso de la Caída en la Plaza Mayor, es ahí donde nuestros cargadores, intentan dulcificar la caída de nuestro Padre, Pregúntale a Amable el te contara su experiencia.


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