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Madrugada de Thalberg

Madrugada de Thalberg

Tras haber presenciado una de las procesiones mas zamoranas y mas autenticas donde los hermanos, al más puro estilo de los entierros castellanos conducen en humildes parihuelas a un hombre muerto para ser enterrado, los congregantes de Jesús Nazareno toman el testigo en la fría y doliente madrugada a falta de escasas horas para que comiencen su andadura.

Comienza a escucharse el Merlú, un tambor y una corneta, que mediante toques secos y destemplados llama, por las calles de Zamora, a todos los hermanos nazarenos convocándoles a la procesión.

Ya casi son las cinco de la madrugada. Numerosas cruces alzadas se apilan a las puertas de San Juan para contemplar la salida del popular” Cinco de Copas” que, minutos antes y ante la presencia de unos pocos privilegiados, ha bailado sobre los hombros de los hermanos de paso al ritmo de Thalberg. Sin duda, uno de los momentos más esperados durante todo el año. Fuera, el espectáculo es sobrecogedor.

Ante mis atónitos ojos desfila Jesús camino de su calvario escoltado por crueles sayones, contemplo su caída al suelo bajo el peso de la cruz entre las sonrisas burlonas de los sayones y yo quiero ayudarle; observo indignado su posterior desnudez mientras los verdugos se reparten sus ropas, asisto a su cruel enclavamiento y elevación en el madero; me sorprende la horizontalidad de Cristo tendido en la cruz y su magistral lección de sufrimiento divino ante el furioso martillo de sus verdugos y las lagrimas de la Virgen, de San Juan y de la Magdalena; veo La Agonía del mismo hombre que entró triunfalmente en Jerusalén seguido de una muchedumbre enardecida de júbilo. Avanza muy de cerca la Verónica, espejo de la ternura y del amor.

Mientras, los miles de congregantes encierran la densidad de su propio aliento bajo el negro y romo caperuz y yo, me avergüenzo de mis pecados.

Despunta la luz del día y se produce el habitual descanso de los hermanos en las Tres Cruces tras varias horas de largo caminar por las calles de Zamora. Llega el momento de coger fuerzas y los cofrades agostados en cualquier rincón degustan las tradicionales sopas de ajo.


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