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Fragmento de audio del Concierto de la Mañana en el que hace referencia a La Agonia

La Cruz se inventó para ser alzada. Para hundir sus raíces en este suelo de cereal y viñas. La Cruz se hizo para ser elevada como la elevan los hombres, tensando la cuerda que la ata a la tierra antes de apuntar hacia el cielo, izándola en plano inclinado como icono de la muerte y de la esperanza, como bandera del amor después del amor. Igual que la cargan sobre su hombro repintada en negro los miles de nazarenos que bajan por Santa Clara de vuelta a casa como quien regresa de una batalla contra la madrugada, de una procesión casi cumplida que es el pregón en la calle del milagro que vive Zamora cada Viernes Santo.

La Cruz se eleva como árbol que crece sobre la tierra, culminando la madrugada de las cruces, enhiesta en vertical, dispuesta como una espada para rasgar los cielos cuando despunte el mediodía y retumbe contra las piedras el último suspiro. Sólo así podrá la dulce Magdalena abrazar la madera antes de besar los pies que lavó con sus lágrimas y perfumó con sus cabellos. Sólo así podrá abrazar la desnudez del hombre que se hizo para la Cruz y que ahora agoniza contra el sol que se posa también vertical sobre la Renova, allá donde los cargadores toman aire antes del penúltimo esfuerzo, antes de enfilar la calle y desembocar en la Plaza Mayor, donde cada paso es una lengua de pasiones que proclama en voz alta al pueblo la verdad y el misterio de la Muerte de Cristo.

Ana Pedrero y Javier García







Del concierto “La Mañana” de la Cofradía de Jesús Nazareno.
Fotografía: José A. Pascual.



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